Abandonado Por la Literatura

La literatura me divierte y me sobrecoge pero no me quita el sueño. Si aveces pienso en ser un escritor lo hago porque creo que podría beneficiarme de alguna u otra forma el hecho de que alguien publique lo que escribo.
Solo me siento a escribir cuando estoy emputado, cuando la música no hace efecto, cuando siento que tengo algo que decir pero que nunca saldría de mi boca correctamente, cuando siento que puedo poner lo que acabo de escuchar en palabras mas elegantes, cuando hay una frase atorada en mi cabeza y siento necesario clavarla en algun lugar diferente, con una precisión que solo yo puedo imaginar.
Le escuché a un importante crítico de literatura algunas frases que me quedaron sonando. En primer lugar dijo -para darnos ánimos de leer a Thomas Mann- que leer se tornaba realmente divertido cuando nos convertíamos en cocreadores del autor que leíamos. Así las cosas, según el crítico era preciso investigar cada detalle desconocido, ubicarnos en el momento histórico en el que se escribió la obra a leer, investigar sobre la vida del escritor y sobre otras mil-y-un cosas que supuestamente nos permitirían meternos en la mente del autor y tal vez, cómo en un ejercicio de exégesis, darle un vistazo a su alma, entenderlo realmente en su fibra más íntima.
Me leí la muerte en Venecia alguna vez y me pareció una novela increíble, Aschenbach es realmente un tipo divertido y lleno de precisiones, lleno de ideas grandiosas. No he terminado con la montaña mágica pero no me cabe duda de que Mann es un genio para inventar y plasmar personajes (Naphta, Setembrini y Castorp son geniales). Sin duda alguna las novelas de ese viejo aleman me divierten y me sobrecogen pero todavía sigo intentando, enciclopedia en mano, obtener esa sensación de ser su cocreador.
La última de las cosas que dijo el crítico y que quedó rondandome la cabeza fue un comentario sobre uno de sus amigos, quien en una época había sido capaz de escribir hermosos poemas y fascinantes amagos de novelas. Dijo el literato que su amigo decidió posponer su verdadera vocación hasta el momento en el que, a través de un trabajo más "seguro" y convencional, consiguiera una cierta posición económica que le permitiera dedicarse a escribir sin muchas preocupaciones.
Así las cosas, el poeta estudió derecho, ingeniería, se metió a periodista o a alguna de esas cosas y cuando sintió que algo faltaba, que tal vez había llegado la hora de escribir, ya era tarde porque la literatura lo había abandonado.
No me quedó sonando toda esa historia porque me haya sentido aludido, sino porque recordé que aveces me sorprendo a mi mismo escribiendo por horas con la única intención de darme cuenta de que todavía puedo hacerlo, de que todavía tengo lo necesario. Tal vez la literatura todavía no me ha abandonado y aunque debo aceptar que me preocupo, supongo que el día en el que decida marcharse podré seguir en lo mio porque lo mio no es la literatura, no la necesito. Me quedó sonando la historia, pero supongo que en el fondo nos libramos de los libros ladrillo de otro poeta aburridor que nunca sería capaz de darse cuenta que el abandono es una buena inspiración (con o sin literatura de por medio) para escribir un poema feroz.

