miércoles, noviembre 28, 2007

Crónicas de La Fascinación

No soy malvado, trato de enamorarte
intento ser sincero con lo enfermo que estoy
y entrar en el maleficio de tu cuerpo
como un río que teme al mar,
pero siempre muere en él.
Raúl Gomez Jattin


Marianne: Qué ves en el espejo?
Pierrot: Un hombre manejando a 100 Km/h en una autopista, a punto de saltar a un precipicio. Y tú?
Marianne: Una mujer enamorada de un hombre manejando a 100 Km/h en una autopista a punto de saltar a un precipicio.



No te conozco mucho amiga mía.
Hemos bailado muy juntos y hemos hablado sobre nimiedades
y sobre cosas más importantes
pero sé que te conozco menos de lo que deseo y de lo que debería.
Hay algo en ti que me inquieta, que me fascina.
No es solo tu cuerpo;
tu cuerpo me encanta pero me resisto a creer que sea sólo eso.
Hay algo más.
Soy un hombre sensato y no creo en medias naranjas,
no entiendo la lógica bajo la cual dos personas pueden enamorarse repentinamente,
sin conocerse previamente.
No sería capaz de engañarte o engañarme con esa basura.

Ya me he dado algunos golpes con eso que la gente llama amor y he quedado lisiado.
La magia infantil ha desaparecido y sólo conozco un amor despiadado y ruin.
Tú lo sabes.
Pero hay algo en ti que me llama y me compele.
No puedo hacer nada al respecto.
Quiero conocerte.


Javier Pimentel




He caído en la tentación (nuevamente). Me volvi a ver Pierrot Le Fou. Ninguna otra película de Godard me ha causado tal extraña fascinación.
No sé si sea su mejor filme y no me interesa hacer juicios al respecto.
Lo que me interesa son los ojos de Marianne, interpretada por la natural y deliciosamente hermosa Anna Karina.
Lo que me desvela es encontrar un lugar con chicas agridulces como Marianne.
Dónde encontrar a una chica con esos ojos? Dotada con esa poesía natural?
y por supuesto: Con esa thigh line.
Ni en todo el maquillaje de las películas gringas, ni en las pocas novelas que me he leído he encontrado una chica como Anna Karina: Natural y hermosa, sensible y peligrosa, altanera y dulce. Y los ojos, los ojos. No conozco ni se me ocurre un nombre para el color del iris de Marianne.
Son unos ojos inmensos y podría pasar horas viéndolos, sin hacer mas nada, sólo viendolos fijamente.
Así explico por qué me he visto tantas veces esa vieja película.