domingo, marzo 23, 2008

Spanish Harlem Monalisa'

A Rebecca, que nunca nunca leerá estas líneas.



Eres una bailarina y sabes moverte peligrosamente. Nadie te lo ha enseñado. No has aguantado las terribles lecciones de una profesora de Ballet Francesa ni sabes sobre la teoría del ritmo.
Has nacido con esa forma de moverte incrustada en algún lugar de tus caderas.
Lo tuyo es natural.

Cuando bailas el tiempo se come al tiempo,
los corazones se despejan,
los pulmones sueltan el aire con dificultad.

Te mueves y te mueves,
y al vaivén de tus caderas,
morena deliciosa,
ya no hay cielo ni hay estrellas,
sólo la torpeza de mis piernas,
indignas de las tuyas,
en cuestiones de bailar.


Tu recuerdo me huele a salsa,
estas líneas tienen algo de eso,
de tu piel casi negra,
casi india,
del brillo de tus ojos,
del ritmo que se esconde detrás de tu ombligo.

Tienes un acento salvaje, tu voz es grave e inquisidora.
Cuando hablas pareces peligrosa: una negra cimarrona indomable,
Pero hablar no es lo tuyo. Lo tuyo es moverte hasta que el mundo se acabe.
No me dejo engañar tan fácil:
Detrás de ese cuerpo diseñado para la lujuria, de tus sílabas toscas
y de las montañas de maquillaje te escondes tú: Bailarina, muchachita,
carne y hueso, carne y hueso.

Lo que te diferencia es el ritmo.
He ahí lo que hace que tus ojos negros brillen,
que tus piernas reciten poemas,
que tu risa quite el aliento.

No eres excesivamente bonita,
bailarina mía,
pero aquella noche eras el
epítome de la belleza.
Y ahora que no estás,
lo eres incluso más.

Así, dicen las señoras feas y viejas, es la belleza:
fútil, etérea.
Un maldito espejismo bailarin.