miércoles, marzo 26, 2008

Sobre la Puta De Babilonia

"Mil setecientos años de oportunidad ha tenido el cristianismo: desde que se montó al carro del poder de Constantino; y mil cuatrocientos el mahometismo: desde que lo fundó Mahoma. Durante esos largos siglos de oportunidad perdida lo único que han hecho una y otro es bañar el mundo de sangre humana y sangre de animales. No hay razón para que este par de fanatismos monstruosos disfrazados de religiones perduren un día más. Ha llegado la hora de decirles basta".
Fernando Vallejo




Esta última obra de Vallejo pudo haber sido un mamotreto lleno de pies de página como los que le hacen leer a los universitarios en los primeros semestres; una terrible hegemonía de cifras, años, nombres de papa y números romanos; un ladrillo inaguantable.
No obstante, el indudable talento del paisa en cuestión, convierte lo que pudo haber sido un libro aburridísimo en un ensayo lúcido, vibrante y entretenido. La lectura de la puta de Babilonia es una delicia sin que su autor haya prescindido de la rigurosidad histórica y académica que exige escribir un libro en el que se tilde a Jesucristo de taumaturgo y a Mahoma de criminal. No queda títere con cabeza: cada bellaquería papal, cada encíclica leonina, cada crimen monstruoso es relatado con detenimiento.
Uno puede sentirse tentado a mandar el libro al carajo cuando, al terminar la primera página, nota que la lista de epítetos se extiende hasta la segunda y parece no terminar nunca. Pero hay que tenerle un poco de paciencia, detrás de los epítetos se esconde una obra llena de argumentos brillantes, que nos convence (o intenta hacerlo) en franca lid, a la luz de la lógica y la retórica.

A los putazos, los mierdazos y los excesos ya estamos acostumbrados quienes conocemos el estilo de culebrero paisa de Vallejo, pero queda la sensación de que aveces, sobretodo en esta obra, la verdulería sobra. Vallejo logra empantanar pasajes preciosos del libro porque parece sucumbir a la tentación de usar su característico lenguaje soez. Casi siempre aquello resulta muy divertido, es cierto, pero aveces el lenguaje se nos presenta como un maldito tren sin frenos lleno de madrazos. En ocasiones, los excesos (como putear a un papa muerto o confesar con pésimo timing su pederastia) opacan la lucidez, agudeza y elegancia semántica con las que se construyen los planteamientos más sensibles del ensayo (parece un ensayo).
El libro es un manjar, sin embargo, y no me atrevería a suprimir ni una sola de sus palabrotas. Me aventuraría a decir que quitarlas sería traicionar su espíritu, sería peligrosísimo: podríamos perder la fluidez de la lectura, su aire de familiaridad.
Eso es: La Puta de Babilonia tiene un aire a esas historias trágicas que nos cuenta un conocido, es como una diatriba contada al calor de unas cervezas por un vecino malhablado pero muy agudo, pero muy muy agudo. Eso la convierte en una lectura deliciosa.

Mi madre, que no se ha leído la novela (y es muy católica), se atrevió a decirme que la motivación de Vallejo era un resentimiento terrible, que no se podía escuchar tanto, en estas cuestiones, a un tipo tan resentido. Es un homsexual/bisexual/pederasta confeso - me dijo- no me extraña que su resentimiento provenga de una mala experiencia con uno de estos curitas que aplican a rajatabla aquella vieja enseñanza de Jesucristo que predicaba: "Dejad que los niños vengan a mi".
Y esa es solo una respuesta a uno de los más grandes interrogantes que nos deja la lectura de la Puta. ¿De donde viene tanta rabia? ¿Qué sentimiento lleva a un hombre a esculpir una obra tan rabiosa como la que nos hemos leído?

lunes, marzo 24, 2008

Luna Roja

El Salvador, 22 de marzo de 2008.



Supongo que éstas pirámides lucen tan descuidadas porque los turistas Americanos y las Italianas (que vienen a buscar negros) no visitan estos países en busca de ruinas. El terremoto dejó a Tazumal hecha añicos y aparte de un par de ganapanes que toman fotografías a los turistas recién bronceados, nadie parece muy preocupado por meterse la mano al bolsillo para hacer algo. Me he topado solo con dos museos y ambos lucían desiertos.
Eso sí: Las carreteras están rebosantes de Mcdonalds, de Burger Kings, de Pizzas Hut, de todas esas cosas que se venden en paquetico. Los deportes extremos, que atraen a gringos extremos, están a la orden del día.




No he visto Mara Salvatrucha. Lo que he visto es una luna gigante. Algunas noches es casi roja y se deja ver detrás de dos montañas. Uno anda por la carretera (hay muy buenas carreteras) y la luna se asoma como enfurecida, como inyectada de sangre, alumbrando de cerca para matar el tedio del viajante.

Miro detrás de dos montañas y pienso en aquella canción de Creedence Clearwater Revival.

"I see the bad moon arising.
I see trouble on the way.
I see earthquakes and lightnin.
I see bad times today.

Dont go around tonight,
Well, its bound to take your life,
Theres a bad moon on the rise."


domingo, marzo 23, 2008

Spanish Harlem Monalisa'

A Rebecca, que nunca nunca leerá estas líneas.



Eres una bailarina y sabes moverte peligrosamente. Nadie te lo ha enseñado. No has aguantado las terribles lecciones de una profesora de Ballet Francesa ni sabes sobre la teoría del ritmo.
Has nacido con esa forma de moverte incrustada en algún lugar de tus caderas.
Lo tuyo es natural.

Cuando bailas el tiempo se come al tiempo,
los corazones se despejan,
los pulmones sueltan el aire con dificultad.

Te mueves y te mueves,
y al vaivén de tus caderas,
morena deliciosa,
ya no hay cielo ni hay estrellas,
sólo la torpeza de mis piernas,
indignas de las tuyas,
en cuestiones de bailar.


Tu recuerdo me huele a salsa,
estas líneas tienen algo de eso,
de tu piel casi negra,
casi india,
del brillo de tus ojos,
del ritmo que se esconde detrás de tu ombligo.

Tienes un acento salvaje, tu voz es grave e inquisidora.
Cuando hablas pareces peligrosa: una negra cimarrona indomable,
Pero hablar no es lo tuyo. Lo tuyo es moverte hasta que el mundo se acabe.
No me dejo engañar tan fácil:
Detrás de ese cuerpo diseñado para la lujuria, de tus sílabas toscas
y de las montañas de maquillaje te escondes tú: Bailarina, muchachita,
carne y hueso, carne y hueso.

Lo que te diferencia es el ritmo.
He ahí lo que hace que tus ojos negros brillen,
que tus piernas reciten poemas,
que tu risa quite el aliento.

No eres excesivamente bonita,
bailarina mía,
pero aquella noche eras el
epítome de la belleza.
Y ahora que no estás,
lo eres incluso más.

Así, dicen las señoras feas y viejas, es la belleza:
fútil, etérea.
Un maldito espejismo bailarin.

domingo, marzo 09, 2008

Otro Océano

Cancún, México. Diciembre de 2006.



¿Has visto alguna vez el color azul del mar caribe Mexicano?
Yo sí. Hace solo dos diciembres, cuando tu boca me pertenecía.
Todavía recuerdo la danza de nuestras memorias, la forma en la que las olas
susurraban tu nombre,
las fotos que tomé anticipando tu mirada, delirando,
solo para tus ojos.

No sé si alguna vez verás este azul por ti misma.
Tal vez esa inmensidad aguamarina te traiga a la cabeza aquellas fotos
y con ellas, el recuerdo de nuestras tardes.
O tal vez, aquella inmensidad que aprecié solitario,
con la agridulce certeza de que eras mía de lejos,
sea tuya en compañía de alguien que no ha soñado como yo en mil ocasiones,
con el reflejo de aquel azul infinito, de aquel océano,
en tus ojos marrones.

Y es que he soñado con ese reflejo en tus ojos,
he intentado imaginarlo con detenimiento.
Es uno de mis pasatiempos.
¿cómo será en realidad?
¿Hay bajo este cielo alguien que se pregunte lo mismo?




Puedo cruzar éste océano y tocar a tu puerta o esperar a que salgas por ella. No habrá frío nevado o viento gélido que me haga desfallecer pero sí otro océano; otro espacio inexplorado en el que los barcos no navegan y los aviones se extravían.

Javier Pimentel