miércoles, octubre 29, 2008

Sobre Angelitos Empantanados

Así pues, me apresto a hacer con los recuerdos que aún controlo, una historia. A ello me mueven necesidades de orden más bien práctico, ya que siempre que me acuerdo grito.
Andrés Caicedo





Recuerdo un programa de televisión de los noventas en el que una Patricia Castañeda mucho más joven y aparentemente menos bisexual, recitaba con voz de quinceañera enamorada un montón de poemas empalagosos y llenos de -abrazames-. El nombre: Angelitos Empantanados.
Con esa referencia fija en mi cabeza, tenía entonces una buena razón para mantenerme alejado de este libro homónimo de Caicedo, al que le temía por sensiblero y pendejón; porque aparentemente era un libro de historias para niños y yo ya había leído, a mi debido tiempo, la serie "Un Cuento para cada día". ¿Para qué más?

No podía estar más equivocado al respecto. No sería responsable afirmar que Angelitos Empantanados es una obra maestra ni nada que se le parezca, pero sí lo sería el afirmar que no es un libro para niños mimados y que las historias que contiene son muy diferentes a ese montón de basura que se escribe en Colombia a manera de cuento. En efecto, un padre responsable solo usaría Angelitos Empantanados como historia para ir a la cama cuando sus hijos tuvieran dieciocho años (aunque tal vez ya sería tarde: otra persona los estaría llevando a la cama) y un profesor que apreciara su trabajo no asignaría este libraco a sus alumnos más jóvenes como lectura obligada. En la edición de Norma, hay una recopilación de citas a propósito de la obra de Caicedo y una de ellas, de Sandro Romero Rey, da en el clavo:

"Su obra es de los pocos ejemplos de la literatura colombiana que no pertenece a la "cultura oficial", ni sus textos van a ser de obligada lectura escolar, ni recibirá condecoraciones post-mortem. Sin embargo, por esas paradojas de la historia del arte, todo su trabajo merece un lugar predominante, toda vez que representa una de las obras más vitales, agresivas, trágicas, inteligentes y profundamente divertidas, que se hayan producido en muchos años en Colombia".

No agregaría mucho más. Este libro en particular, escrito en el lenguaje de las calles, tiene unas cuantas historias que nos cuentan (con la sutileza de quien ha abandonado la critica activa y se ha resignado a observar) lo que pasaba en aquella Cali de ricos y pobres, de Angelitos y pequeños demonios. Las de Caicedo no son historias quejumbrosas sino más bien, resignadas; historias de verdad, con personajes creíbles, que nos informan casi por casualidad y sin tanta algarabía lo que ocurría en aquella ciudad en la que los ricos tenían estaciones de policía en sus haciendas por miedo a las turbas violentas de gente de otros barrios. Es así, logrando con maestría la voz de un niño, que Caicedo nos echa cuentos sobre mucho más que corazones rotos y Angelitas llenas de pretendientes; nos narra también historias sobre el ser Caleño, sobre el alma y la energía que hacen que esa ciudad se mueva.



Aquí debo ser enfático: Angelitos Empantanados no es un libro para niños pero es, en una forma muy conmovedora, un libro escrito desde la perspectiva de un niño.

Leí el libro lentamente, como intentando responderme, al final de cada párrafo, a qué se debía toda esa genialidad que las gentes le atribuyen a Caicedo. Encontré muchas razones para considerarlo un gran escritor: Es uno de los pocos escritores Colombianos que logra usar en su obra el lenguaje de las calles de su región con verdadera maestría; no lo usa como un recurso efectista para hacernos reir o llorar (Léase a David Sanchez Juliao) o para entretenernos con la excusa de ser nuestro anfitrión en ese mundillo de palabras exóticas. El lenguaje de las calles y de los jóvenes en la obra de Caicedo, se presenta como algo que no es exótico; como algo natural, que no necesita explicación ni está a la venta para los turistas, como algo que dice mucho por sí solo. De esa forma, Caicedo no envilece esa forma de hablar, sino que la exalta al presentarla como un lenguaje real y muy elocuente; de esa forma, la obra de Caicedo se convierte instantáneamente en verdadera literatura, pues le cuenta con mucha dignidad al universo sobre las costumbres, las palabras y las gentes del Valle del Cauca.

El interrogante que respondí con más dificultad fue sin duda uno que me embargó desde que leí el título del libro por primera vez: ¿Por qué Angelitos Empantanados es un libro de Historias para Jovencitos?

Repito que si algún día soy un padre responsable no le leeré estas historias a mis hijos antes de dormir; pero supongo que el día en que dejen de ser niños, el día en el que sean unos jovencitos, les sería útil enterarse, por ejemplo, sobre la crueldad que llevan las jovencitas hermosas en las venas, sobre la cruel ternura que se esconde tras los ojos de una mujercita que conoce al hombre sólo como padre o pretendiente:

"Y entonces sonó el teléfono. Con media hora de retraso pero sonó, y su timbre era más lindo que todo, abría las puertas al mundo y a un bello día de verano. Y antes de despertarme alcancé a dar uno, dos brinquitos de felicidad. Luego abrí los ojos y descolgué el teléfono y oí su voz, oh Miguel Ángel, y le colgué, sí, pero por jugar. Quería que me llamara otra vez, oh, quería oír otra vez, oh, su voz. (...)".

No pude responderme esa simple pregunta de una forma satisfactoria, pero supongo que todo jovencito debería enterarse más temprano que tarde de las trampas del amor y de las ventajas de escapar a través de los sueños; Angelitos Empantanados es a mi juicio un gran manual de instrucciones sobre el ser joven, por lo menos en esos dos aspectos:

"Vengo de una raza notable por la fuerza de la imaginación y el ardor de las pasiones. Los hombres me han llamado loco. Lo cierto es que aquellos que sueñan de día conocen muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche. Diremos pues que estoy loco. Concedo por lo menos que hay dos estados distintos en mi existencia mental: el estado de la razón lúcida que no puede discutirse y que pertenece a la memoria de los sucesos de la primera época de mi vida, y un estado de sombra y duda que pertenece al presente y a los recuerdos que forman la segunda era de mi existencia. Lo que pasa es que soy muy feliz en la duda y en la sombra."



miércoles, octubre 08, 2008

Tres Corazones

Tres corazones, atacan de noche.
Tres corazones, acosan de noche.
Joe Arroyo





9:06
Te imagino caminando en esa ciudad calurosa,
ropa llena de vapor, sol alborotado,
tú fresca, tú cool.
De tus orejas salen dos cables blancos
que se pierden en la inmensidad de un bolso repleto,
y llenan tu cabeza de música,
e impiden que el calor frunza tu ceño,
que te sude la frente,
o que te molesten los pitos,
las busetas,
y ese montón de cumplidos ramplones.

Johnny Cash ¿Tal vez? para reirte
de la gente que se siente miserable.
Portishead, para que el calor se disipe.
Santana, para entrar en ese trance,
en esa embriaguez musical.
Jamie cullum, porque hace que el pop suene bien.

Es mi imaginación.
¿Qué voy a saber yo?
NADIE sabe,
los transeuntes nisiquiera pueden imaginar,
ese sonido que solo tú escuchas,
el ritmo de tu mundo interior.


Eres una chica elegante y con estilo,
mucho estilo,
y no lo sabes,
por eso actúas con la naturalidad
de quien no se llena de aires de altivez,
con la sencillez,
de quien se siente en deuda con la gente.

Le pido al cielo que conserve tu ternura,
tu sonrisa fácil,
tus maneras de niña,
la forma en la que juegas a la vida.


Imaginandote así,
caminando en un día caluroso y soleado,
pateando la tarde,
me cuesta trabajo creer que existen
hombres torpes,
hombres osados,
que se permiten interrumpir tus paseos,
tus pasos ligeros;
que se creen tan valiosos (o lo fingen)
como para atravezarse en tu camino,
y quitarte el tiempo,
ese pedazo de tarde
que empleas para caminar,
al ritmo de la banda sonora de tu vida.


12:36

Well I heard there was a secret chord
That David played, and it pleased the Lord
But you don't really care for music, do ya?

Jeff Buckley

Vienes de un lugar caluroso que no conozco
pero imagino sucio y sin gracia.
Tus ojos son de otro mundo;
aveces sueño con mirarme en ellos durante horas,
y luego, si la suerte onírica me acompaña,
con robarte un beso.

Pienso en ti cuando escucho esa canción de Rod Stewart
que cuenta la historia de dos tímidos que no se atreven a nada,
pero amanecen en una cama entrelazados,
y ninguno se queja.
Podría intentar explicarlo,
pero tardaría horas;
y sé que no tienes ni idea de quien es Rod Stewart,
ni entiendes mucho de inglés.
Tal vez responderías rapidamente al título:
Da ya think I'm sexy?
Dirías sin dudarlo y con una sonrisa malevola: No.

Y entonces, solo me restaría traducir al Español
aquella estrofa:

IIf you really need me just reach out and touch me
Come on honey tell me so.


Pero las traducciones literales al Español siempre son odiosas,
nunca le hacen justicia a nada.
Yo preferiría escribirte algo y recitártelo a viva voz,
tal vez algo menos torpe que esto,
tal vez algo que te estremezca.

No eres mi tipo de chica y lo sabes,
pero eres un magneto,
me atraes inexplicablemente,
me gustaría agarrarte de la mano
y caminar contigo hasta que nos cansemos,
y reparar para siempre en los gestos de tu boca,
y hablar estupideces y reírnos hasta que el mundo se acabe.

1:18

I Got a girl named Sue, She knows just what to do,
I got a girl name Daisy, she almost drove my crazy.
Little Richard


Para ti una sonrisa sin dueño,
un -gracias- gigantesco,
una idea sin elaborar.

Para ti una canción alegre,
un guiño de ojo,
un chiste larguísimo,
un abrazo y un domingo desinteresado.

Para ti lo que no le puedo dar a nadie más,
lo que la testosterona destruye,
lo que dura y no duele tanto.

Para ti estas palabras frías
y timidas,
todo lo que ofrece un amigo,
y sobre todo,
este apenado esquema mental,
producto de una noche de imsomnio,
y del frío que traspasa mis huesos
en esta habitación casi vacía.

jueves, octubre 02, 2008

Error Humano

"Cuando llegamos a un límite de Tristeza --como el narrador de El club de la Lucha en su apartamento, o la narradora de Monstruos invisibles aislada por su cara bonita- destruimos nuestro nido encantador y nos obligamos a regresar al mundo exterior. En muchos sentidos, es así como se escribe una novela."
Chuck Palahniuk




Basta con leer algunas páginas de Palahniuk para entender por qué sus novelas se venden como pan caliente en las estanterías de las librerías más importantes del mundo. Es un escritor que no se guarda nada, que lo dice todo, que no intenta engañar a nadie.
Leyendo Error Humano uno se da cuenta de que Palahniuk entiende completamente el oficio de escribir; sabe, sin lugar a dudas, que lo más importante de todo este asunto es contar historias, que toda esa cháchara sobre -escribir- y ser un -escritor- es, primordialmente, una contingencia, una consecuencia inevitable de esa necesidad apremiante de contar historias.
Y es que para algunos, echar cuentos es la única forma de "conectar":

"Por si no os habéis dado cuenta, todos mis libros tratan de una persona solitaria que busca alguna forma de conectar con los demás", Dice Palahniuk sin remilgos, en la primera frase de Error Humano. Y es cierto: He leído pocos de sus libros, pero aparentemente el personaje típico de este Americano criado en un Trailer es alguien extremadamente solitario, alguien con un mundo interior sorprendente, aveces con un "nido encantador", que es empujado por su extrema tristeza solitaria hacia la gente, hacia el mundo exterior.

Error humano no es una novela. Es, según los reseñistas, un compendio de crónicas, retratos de estrellas e historias íntimas del autor. Y me valgo de esa afirmación para insistir en algo: Lo que escribe Palahniuk -sea una novela o un relato corto- casi siempre tiene un tufillo a crónica; cada vez que leo uno de sus libros me lo puedo imaginar escudriñando en una sesión de un grupo de apoyo, viajando a un pueblito perdido en el oeste de los Estados Unidos, reuniéndose con la gente de los bajos fondos, usando la herramienta más valiosa de un escritor: Su curiosidad. Todo lo anterior con el fin de construir una historia, de lograr un buen relato, porque -nuevamente- lo más importante de todo este asunto son las historias. Contar buenas historias.



Escribe: " Vivimos nuestras vidas basándonos en historias. Historias sobre ser irlandés o ser negro. Sobre trabajar duro o inyectarse heroína. Ser hombre o mujer. Y nos pasamos la vida buscando pruebas -datos y testimonios- que apoyen nuestras historias. Como escritor, uno reconoce esa parte de la naturaleza humana."


Error Humano, a propósito, está lleno de un montón de historias entrañables. Terminé de leerlo hace unos cuatro meses y todavía recuerdo con cariño una crónica sobre la vida subacuática de los tripulantes de un Submarino de combate titulada en español: "Gente en Conserva" . Es una crónica (Como toda la crónica de este autor) que no se desgasta en detalles técnicos nimios e innecesarios, que no nos cansa porque no es agobiantemente exhaustiva (aveces falla por escueta) ni nos llena de detalles que no nos interesan. Tampoco, claro está, se desboca en efectismos sensibleros, como cuando revela sin mucha ceremonia que el encargado del almacén del submarino escribe un diario de sus larguísimos días de encierro en el fondo del mar para "leérselo más tarde a su mujer, mientras ella le lee el suyo a él". Así es la literatura que escribe Palahniuk (Repito) es una literatura que parece empeñada en demostrarnos que la realidad puede superar a la ficción:



"Para Hacer el Louisiana más hogareño, el teniente Smith se trae café en grano de Gevalia, un molinillo y una máqina de expresso. Otros miembros de la tripulación se traen las toallas de casa y fotografías para pegar con cinta adhesiva en la parte inferior de la litera de encima de la suya. Montroy se trae sus treina cedés favoritos. Se traen grabaciones en vídeo de la vida en casa. Un miembro de la tripulación trae una funda de almohada de Scooby-Doo. Muchos se traen sus propias colchas y mantas."


Otras crónicas incluídas en "Error Humano", como aquella que relata un certamen de guerra de cosechadoras en algún pueblo gringo, aunque aburridas (Hay en el libro historias que no son entretenidas) demuestran la vocación de contador de historias de Chuch Palahniuk, a quien aconsejo -encarecidamente- como lectura para entretener la mente, para pensar. Y digo que lo aconsejo, por libros como "Error Humano" en los que desmitifica la idea de que el proceso de creación literaria está mediado por la magia, por la intervención divina, por la inspiración de una musa, por la extrema genialidad del escritor. No señores: Palahniuk (A diferencia de muchos escritores mentirosos) se atreve a confesarnos que una buena historia no es tanto el producto de un chispazo de genialidad, de una sublime inspiración o de una sofisticada elaboración filosófica; que una buena historia es algo casi accidental, que casi siempre se parece mucho a -la vida-, a -la realidad- ; que las buenas historias flotan por ahí en el aire para que alguien con la vocación adecuada las atrape o las imagine y (en el caso de Palahniuk) las escriba con una escalofriante precisión.

El siguiente párrafo me parece una confesión preciosa en ese sentido:

"Antes de escribir El Club de la Lucha (En Colombia "el club de la Pelea") yo trabajaba como voluntario en una residencia benéfica para enfermos terminales. Mi trabajo consistía en llevar a gente en coche a citas y reuniones de grupos de apoyo. Allí me sentaba con otra gente en el sótano de una iglesia para comparar síntomas y hacer ejercicios New Age. Aquellas reuniones resultaban incómodas porque no importaba lo mucho que yo intentara esconderme, la gente siempre daba por sentado que yo tenía la misma enfermedad que ellos. Así que empecé a contarme a mí mismo la historia de un tipo que iba a las reuniones de grupos de apoyo para enfermos terminales para tolerar mejor la falta de sentido de su vida".



Nota: Para recordar y releer mil veces: La introducción (Ficción o realidad) y el ¿Homenaje? a Ira Levin: "Querido señor Levin".